Cómo hacer el cambio, sin vacilaciones ni fanfarrias.
Las encuestas coincidieron en ubicarla como la mejor ministra, y a su administración como una de las mejores evaluadas en el primer año de gobierno. No es poca cosa en este país de francotiradores por doquier, donde se practica el antiguo deporte del tiro a la cabeza de aquél que ose levantarla por encima de la superficie cómoda de la mediocridad y del “vaí vaínte”.
Tampoco este destaque es para alquilar balcones, pues que una funcionaria pública o una secretaría de Estado cumpla con sus funciones y se esmere en ellas debería ser moneda común y no un “avis raris”. Sin embargo, tales monedas no son nada comunes en las pauperizadas arcas de la eficiencia de la administración pública, por lo cual, es digno siempre de valorar una gestión que sobresale.
Es bueno evaluar algunos de los aspectos que convirtieron al Ministerio de Salud y a la ministra del ramo en los mejores valorados en la percepción de la gente.
Empecemos por la implementación de medidas inéditas y de relevancia histórica para la población: la adopción de la gratuidad en la atención sanitaria en hospitales públicos, medida reforzada luego con la gratuidad en la provisión de medicamentos y la realización de estudios y análisis laboratoriales. Sin dudas, una contribución enorme para poner la atención primaria de salud en el lugar que corresponde a un país que todavía muestra evidencias de déficits sanitarios compatibles con lo más atrasado del tercer mundo. No fue, como otras medidas poco felices de este gobierno, una actitud populista –más que nada porque fue real y hasta se logró que el aparato financiero del Estado se adecue a ello-. Se implementó de una vez y para todos, sin privilegiados ni contramarchas. Sin decretos y des-decretos. Sin vacilaciones ni ambigüedades.
Seguidamente, un programa de vacunaciones que refuerza los planes de gobiernos anteriores (algo poco común en un país en el que cada ministro pretende descubrir la pólvora) y los relanza con mayor profundidad y amplitud. Luego vendría una gestión, quizás bastante criticable en materia comunicacional pero eficiente en materia estrictamente médica, en torno a la pandemia de la gripe A H1 N1. Y finalmente, un programa de inversiones y gestión de cooperación que empieza a dar sus frutos con proyectos de hospitales que ayudarán a descentralizar la respuesta a la concentradísima demanda de atención primaria de salud.
Otro factor clave parece haber sido el grado de profesionalismo con el que se manejó dicha administración, evitando incurrir en protagonismos o escarceos políticos. También se evitó el populismo de convocatorias masivas al personal de blanco para buscar “apoyos políticos” y no se cayó –al menos eso aparenta desde afuera- en el sectarismo que en otras secretarías fue incesante. Y aún en medio de la crítica situación de una pandemia inesperada, no hubo quien enarbolara excusas como “culparle a la gripe A” o a los “61 años de desgobierno”; al contrario, aún con vientos en contra, se planificó, se trabajó con seriedad y se avanzó. Y se logró una gestión que, repito, ha merecido el reconocimiento coincidente en las encuestas ciudadanas.
No todo es color de rosa. Los datos estadísticos todavía deben ser revertidos en materia de salud pública, sobre todo en temas como mortalidad infantil e incidencia de enfermedades respiratorias, así como en la atención de epidemias “modernas”, como los accidentes de tránsito. También hay irregularidades denunciadas en procesos licitatorios y la atención en la salud pública todavía presenta serios reparos quizás por la cultura de desprecio al contribuyente que palpita en gran parte en el funcionariado público.
Pero de que se ha avanzado, y de que ha habido cambios notorios, nadie lo puede negar. Hay mucho por hacer, sin dudas. Entonces, cómo no tener esperanza con una gestión así.
José María Costa
martes, 8 de septiembre de 2009
viernes, 21 de agosto de 2009
Del dicho al hecho

Racconto al cumplirse el primer año de gobierno de Lugo
La memoria suele ser flaca. La memoria paraguaya lo suele ser aún más. Por eso creo pertinente, a un año del inicio del Gobierno de Fernando Lugo, recordar algunos de los principales anuncios y compromisos asumidos habiendo jurado aquél 15 de agosto del 2008 como Presidente de la Nación.
Decía: “El cambio no es una cuestión electoral; el cambio en Paraguay es una apuesta cultural, quizás la más importante en su historia. Por lo tanto, no se trata de un proceso que tiene vencedores ni vencidos, eso no nos interesa, ni propietarios exclusivos, tampoco”. Hoy por hoy, quien ose criticar es automáticamente tildado de “enemigo del cambio”. En contrapartida, para ser “protagonista del cambio” hay que ser de izquierda, a cuál más radical, o nada. “Socialismo o muerte” es la consigna, al menos de los seguidores de Lugo, no desmentidos por él. Esto es pluralismo del siglo XXI.
Decía: “Queremos recobrar ese valor de los gobiernos que conjugaron honestidad y austeridad como ecuación del supremo sacrificio por la patria”. Entre los incrementos innegados del prebendarismo estatal y los aumentos inexplicables de los gastos reservados, además de algunas evidencias mediáticas de camionetas lujosísimas pomposamente ostentadas por el nuevo establishment, hablan poco o nada del “sacrificio” y sí más de la dulce tentación del poder.
Decía: “Hoy termina un Paraguay exclusivo, un Paraguay secretista, un Paraguay con fama de corrupción”. Algo se ha visto en materia de lucha contra la corrupción, pero lastimosamente sólo de la corrupción ajena, aquella que puebla la historia de los 61 años de la sempiterna excusa para la ineficacia actual. El Paraguay secretista aún carece de normas explícitas o acciones precisas en las instituciones estatales para dotar de transparencia o un adecuado, oportuno y eficaz acceso ciudadano a la información pública. El derecho constitucional de acceso a la información pública sigue sin reglamentarse y sigue siendo un calvario para el ciudadano obtener información, o al menos saber a quién pedírsela.
Decía: “Queremos que en este tiempo, en este tiempo, las Fuerzas Militares se dignifiquen y sean amigas y compañeras de la comunidad paraguaya”. Para más datos, recordemos la “toma del cuartel del Comando de Ingeniería”… o la pusilánime actuación oficial ante el ingreso de militares bolivianos en territorio chaqueño. Decía: “!!Un soldado hermano está naciendo en Paraguay!” ¿Será el soldado bolivariano y correligionario?.
Decía: “Pondremos un máximo esfuerzo por quitar definitivamente el estereotipo de ´zonas liberadas o peligrosas´ a regiones como San Pedro, o los bañados de Asunción…” Más datos con Elvio Benítez y Paková Ledesma.
Decía: “Las naciones indígenas esperan a la orilla del camino que alguien les convoque a reapropiarse de sus tierras”. Las plazas Uruguaya e Italia son sus “tierras” nuevas, luego de la espléndida y populista iniciativa gubernamental que quiso instaurar el voto directo para elegir titular del INDI y terminó siendo un tiro por la culata. Miseria y marginación social, del campo a la ciudad.
Decía: “Hoy cuando este hombre de fe, y este laico comprometido con su tiempo atravesaba la ciudad, ha visto una vez más lo que nos llena de pena y de vergüenza. Nuestros niños, son nuestros niños de la calle… No sé en cuanto tiempo. No sé si lograremos tumbar definitivamente al monstruo de la miseria que los condena, pero sepan, eso sí: que al igual que con la causa de los indígenas, los niños en situación de miseria tendrán a más de las instituciones asignadas, la ocupación personal de este Presidente que es de ustedes”. En fin, ¿merece esto algún comentario más?
Por último, no se diga que todo es malo. Lo bueno de esto es que el propio Presidente haya reconocido que es lento e ineficaz. Ya tuvo un año para reflexionar sobre ello. Ojalá que el segundo lo ocupe en empezar a revertir eso.
José María Costa
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