domingo, 25 de marzo de 2012

Lugo You tube

Videoconferencias por aquí. Videoconferencias por allá.

Nadie puede negar que incorporar las nuevas tecnologías a la gestión de gobierno sea una imperiosa necesidad de los nuevos tiempos. Dichos instrumentos son beneficiosos para buscar una mayor amplitud en la comunicación con la gente y en la rapidez y eficiencia de la gestión pública.

Pero el riesgo es que las nuevas tecnologías se conviertan en excusa para que los gobernantes se aíslen de la gente, de sus necesidades y de sus reclamos. No por “tecnológico” o “moderno”, que se muestre un gobernante usando instrumentos de última generación, debería olvidarse que los basamentos de su poder, que es conceptualmente una “delegación” del poder de la gente. Gobernar en democracia es auscultar las esperanzas de la gente y actuar en consecuencia. Es ser coherente con los propios compromisos radicados cuando se pidió y obtuvo el apoyo electoral en las urnas. Y esto requiere sustancia, no sólo cáscara modernista o snobista.

La videoconferencia de Lugo con Cristina fue “noticia” por la innovación en la forma… pero dejó la misma o peor frustración de siempre por el fondo. En el Bicentenario de la Independencia, se percibió tecnológicamente que las bases de nuestra soberanía quedaron una vez más resquebrajadas por la pusilanimidad diplomática de quienes nos gobiernan. Las promesas y alharacas de “soberanía”, una vez más, quedaron sepultadas bajo la pleitesía ideológica.

Cuando en el fondo hay convicción patriótica, la tecnología no tiene importancia. Los próceres de mayo no precisaron una videoconferencia con la Junta Porteña de 1811. La nota de aquél 20 de julio requirió tiempo en llegar “ashá”. No tuvo satélites disponibles, apenas caballos y mensajeros por postas. Pero tuvo valentía, patriotismo y entereza. Y aunque tardó en llegar a destino, fue eficaz para sustentar nuestra verdadera soberanía.

La “moda” videoconferencista se ha instalado en el gobierno. Pero aparentemente no en beneficio de la mejor comunicación, la mayor participación o la eficacia en la gestión. Se ha instalado como pretexto para tomar distancia de la gente. Se ha impuesto para tratar de disfrazar con formas tecnológicas la falta de sustancia patriótica, de compromiso verdadero con el país. Se ha desplegado con la vana ilusión de ocultar quizás con el maquillaje tecnológico los forúnculos y las espinillas de un rostro gubernamental con demasiadas arrugas de incongruencia y falsedades.

En la era de Lugo You Tube… la gente tiene necesita menos snobismo tecnológico vacío de contenidos, y más coherencia y cumplimiento de compromisos asumidos. Con o sin videoconferencias, pero que lleguen en la realidad y no sigan en el limbo de la virtualidad.

¿O qué opinan Uds.?

José María Costa

(Publicado en "Blogueo, luego existo" - ABC Digital, agosto/2011)

viernes, 1 de julio de 2011

Stronistas New Age

Regurgitando la teoría mesiánica del “único líder”

Corrían los primeros meses del año 1977. Stroessner estaba cumpliendo su segundo período presidencial después de la reelección que le había habilitado la Constitución de 1967. Era necesario hacer algo para que el “único líder”, el “segundo reconstructor” continuara en la Presidencia de la República. No había otro que pudiera conducir esta Nación a “su destino de grandeza”. Allí apareció Argaña liderando junto a otros fanáticos dirigentes stronistas aquella asamblea histórica donde se pidió el cambio de la Constitución para que el “heredero del Centauro de Ybycuí” pudiera ser reelecto de nuevo y ya sin limitaciones. Así se reformó el artículo 173 de aquella Carta Magna y tuvimos Stroessner y dictadura por otros 12 años más, completando 34 años de lamentable historia de dictadura, hasta que sobrevino el golpe de 1989.

La “tercera reconstrucción”?

Treinta y cuatro años después (los mismos que duró la dictadura), algunos se encargan de “reatar los hilos de la historia” stronista. No son los militantes “hasta las últimas consecuencias”, pero sí unos bien aventajados alumnos de la estrategia y el pensamiento autoritarios. Las derechas y las izquierdas se parecen. Los puntos extremos se tocan, justo ahí donde valen más el oportunismo que los principios, la inmoralidad política que la palabra empeñada, la falta de escrúpulos que el honor.

Es triste ver como los “stronistas new age” se embarcan en una opereta montada con el reflujo más ácido de las entrañas autoritarias y mesiánicas de aquella ignominiosa dictadura. Y en el eructo de la historia, retorna el hedor y la memoria de una época durante la cual las instituciones republicanas eran sometidas al arbitrio y el antojo del “único líder” o de sus más inescrupulosos, abyectos y encumbrados secuaces.

La regurgitación agria y hedionda nos devuelve sombras siniestras (valga la múltiple significación). El luguismo tiene hoy sus Poncho Pyta, sus González Alsina, sus Mbeyú Rová Jaquet, sus Argaña, sus Chanchito Montanaro, sus Modesto Esquivel, sus Mario Abdo. Tiene su culto al ídolo. Tiene su cuatrinomio de oro, sus coroneles y coronelas. Tiene sus juventudes militantes “hasta las últimas consecuencias”. Tiene su “porque el pueblo lo pide” y su “nuestro único líder”. Tiene sus “moderadores de la Universidad” y sus programas “contra la prédica subversiva”. Tiene sus radios y redes nacionales transmitiendo actos “patrióticos” y monocolores. Tiene sus cuarteles “al servicio del coloradismo eterno”. Tiene sus charreteras abyectas en las “gloriosas Fuerzas Armadas”, ayer republicanas hoy semibolivarianas. Tiene sus voceros palaciegos de “desmentidos y aclaraciones” y sus “jurisconsultos” que bailotean dictámenes al son de los vientos. Tiene sus liberales “geniolitos” (hoy serán paracetamoles lisa y llanamente). Tiene sus huestes prebendarizadas y sus prebendas presupuestadas. Y tiene preparados sus “macheteros de Santaní” por si el Parlamento desoye “la voz del pueblo”.

“Progresistas” con la mirada en el retrovisor

Ahí están los Carlitos Filizzola, Emilio Camacho, Sixto Pereira, Carrillo Iramain, Blas Llano, Eusebio Ramón Ayala, Elvio Benítez, José Rodríguez. Ahí están los dirigentes “sociales”, los movimientos y dirigentes “progresistas”, las binacionales al servicio “del cambio”, el liberalismo obsecuente, el PMAS del “que se vayan ellos”, el Frente Guasú ñembo progresista juntando firmas retardatarias y clientelares, el “acto patriótico” del “Sí a la reelección”, etc. Es cuestión de hacer “une con flechas” y ver a quienes el sayo les va a medida. Ni se precisan ajustes o remiendos.

Ah, ¿y se recuerdan que Stroessner “vomitaba a los tibios” y exigía ser “café o leche”? Bueno, hace unos días se demostró una vez más que tanto como entonces, hoy para el nuevo “único líder” vale más la lealtad que la eficiencia, más el kele’e que el compromiso. Por contradecir a la reelección que él mismo “no quiere” (¿y quiere que se lo creamos?), echó a los dos mejores ministros de su gabinete. Lealtad personalista, “alineación como velas”. Los mismos parámetros con los que se han cambiado ya más de una veintena de altos jefes militares en los últimos 2 años. Los mismos “méritos” que consideraba Stroessner para “encuadrar” las botas castrenses en provecho suyo.

Después de todo esto, todavía hay quienes pretenden ser profetas “del cambio”… sin dudas, lo son… Del cambio de la democracia al Stronismo puro y duro, y regurgitado, del Siglo XXI.

José María Costa